La pandemia ha podido beneficiar a las víctimas de bullying, pero también ha sido el detonante de un aumento de casos de adicción a las tecnologías, consumo de contenidos inapropiados y conductas de riesgo de niñ@s y adolescentes

El 2 de mayo acabamos de celebrar el Día Internacional del contra el Bullying o el Acoso Escolar, con el objetivo de concienciar sobre el riesgo del acoso escolar y el bullying en los niños y jóvenes a nivel mundial, así como buscar los mecanismos para evitar este mal, que hoy se ha convertido en un amenazante peligro para la población infantil y juvenil.
Según los datos de la Fundación ANAR y Mutua Madrileña, el 35,5% de los alumnos son conscientes de la existencia de casos de acoso y un 38,5% asegura que afecta a más de un compañero de clase. De acuerdo con estas entidades, los insultos o motes son el tipo de agresión más habitual, un 76,1% en primaria y un 80,6% en secundaria, seguido de empujones, collejas y escupitajos y golpes y patadas. En primaria, es más frecuente el acoso físico, mientras que en secundaria prima el acoso psicológico.
Un 9,4 % de los estudiantes de primaria confiesa haber sido víctima de acoso escolar durante 2020 en más de dos ocasiones al mes. Así se desprende de una encuesta a 780 alumnos realizada por Macmillan Education. ‘El bullying antes se encontraba más localizado en secundaria. Ahora estamos viendo que ha bajado a edades más tempranas. El índice más alto se está dando en tercero de primaria’, nos explica la psicóloga educativa Raquel Pastor, responsable del programa KiVa de esta editorial.
Esta psicóloga señala que lo esencial es empezar por que los propios niños sepan qué es el bullying, ya que si es físico suele llamar la atención, pero el psicológico, el que mayor daño causa y más secuelas deja, tiende a estar invisibilizado y pueden pasar años hasta que llega a ser detectado.
Trabajar con los alumnos en esa línea es la base de KiVa, un método ideado en la universidad finlandesa de Turku en 2006 y que Macmillan Education empezó a desarrollar en España en 2017. Su objetivo es prevenir el acoso escolar educando y sensibilizando a los chavales, pero también a los padres y a los docentes.
Trabajan en la prevención implicando a los compañeros que son testigos de esos abusos, hablan con el acosador y protegen a la víctima. Este programa finlandés se ha implantado ya en más de un centenar de colegios españoles y, según los datos de la editorial, los casos de bullying se han reducido un noventa por ciento. Parece que visibilizar el problema es parte de la solución.

Cómo ha cambiado la pandemia las formas de acoso

La Fundación ANAR han observado durante el Estado de Alarma un aumento de casos de adicción a las tecnologías, consumo de contenidos inapropia¬dos y conductas de riesgo de niños/as y adolescentes.
Al restringirse el contacto físico en la vuelta a las aulas este año cabe esperar una disminución de la violencia física en espacios más controlados y supervisados, y es previsible un aumento de la violencia psicológica basada en la burla, el aislamiento, el rechazo y la estigmatización del niño/a inseguro y el ciberbullying.
El ciberbuylling es una de las formas de intimidación más complicadas de ver y prevenir. Cuando ocurre a través de Internet, smartphones y redes sociales, los acosadores pueden permanecer anónimos, mientras que las víctimas pueden sufrir en silencio.
El ciberacoso no tiene una ubicación fija, sino que puede ocurrir en cualquier lugar, desde la escuela hasta la casa de un niño. En un mundo en el que los medios de comunicación social y el uso de teléfonos inteligentes es cada vez mayor, las medidas de protección ante el ciberacoso son especialmente importantes para la protección y el bienestar de los niños y adolescentes.
Algunas de las medidas que se recomiendan a los padres son:
  • Mantener los perfiles de las redes sociales en modo privado.
  • Utilizar contraseñas con alto nivel de seguridad.
  • Aprovechar la función de bloqueo.
  • Asegurarse de tener un buen antivirus y cortafuego.
  • Tapar siempre la cámara del dispositivo que se esté utilizando.
  • Tener precaución al compartir información personal en Internet.
  • No responder a provocaciones de un posible acosador.
  • Compartir las inquietudes con amigos, padres o incluso terceros.
  • Guardar todo lo que se considere una posible prueba de ciberacoso.
Las películas también pueden convertirse en una excelente herramienta para que los padres, los maestros y las familias puedan educarse y saber qué hacer en estos casos. Si te interesa conocer más sobre este tema te recomendamos que eches un vistazo a este interesante curso.
Debemos estar atentos como sociedad para que no se comentan abusos y para que nadie los sufra.

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